ANSIEDAD EN EL BUCEO

Ante todo quiero aclarar que no escribo este artículo como profesional del tema, ya que no soy psicólogo especializado en buceo, sino desde mi experiencia personal al sufrir hace un año un percance que me mantuvo relativamente incapacitado para disfrutar del buceo como normalmente lo hacía. Espero que con mi experiencia y los consejos que he recibido de distintas personas (profesionales y amigos) podamos aprender todos.

La ansiedad es una sensación de intranquilidad o nerviosismo que solemos experimentar a la hora de afrontar un peligro o un problema. No es en sí una enfermedad, es un estado instintivo que nos prepara y nos ayuda a “sobrevivir” al mantenernos alerta ante lo que nos pueda llegar. El problema llega cuando el grado de ansiedad es tan excesivo que nos incapacita para realizar cualquier actividad, incluso de la vida cotidiana. Este estado emocional no es exclusivo de tierra firme, pudiéndose experimentar de igual manera durante el desarrollo de nuestras inmersiones.

 

Durante una inmersión cualquier circunstancia inesperada puede llevarnos a ese incómodo estado de alerta o nerviosismo (una corriente, un problema en nuestro equipo, despistarnos de nuestro compañero o grupo…) experimentando, según como percibamos la situación, a una aceleración más o menos acentuada de nuestro ritmo cardiaco y respiratorio, pudiéndose acompañar de pensamientos “fatalistas” (“mi regulador no da aire”, “no puedo respirar” o incluso “voy a morir”) y claustrofobia, convirtiéndonos en un animalillo asustado que trata de guiarse meramente por su instinto de supervivencia de mamífero terrestre. Este estado es la antesala del pánico y la pérdida de control y si dejamos que progrese, corremos un alto riesgo de sufrir un accidente serio mientras buscamos desesperadamente la superficie. Por supuesto cabe aclarar que la ansiedad en el buceo y los ataques de pánico no son exclusivos de buceadores noveles, habiéndose dado muchos casos en buceadores experimentados.

 

¿Cómo combatimos la ansiedad en el buceo? La mejor manera de todas es la prevención:

  • Es muy importante mantener un buen estado físico (leer el artículo Félix Cándenas sobre el mantenimiento de la forma física para el buceo), psíquico y emocional. Eso nos ayudará a afrontar cualquier sobreesfuerzo ante una corriente, llevar un consumo de aire moderado e interpretar cualquier situación imprevista de una manera  racional siendo más fácil pensar en alternativas para su resolución con una mente serena y calmada.
  • Vigilar nuestro estado de salud antes de la inmersión. Normalmente cualquier incidencia en superficie (dolor de cabeza, mareos, etc…) suele acentuarse en el fondo, es mejor no meterse en el agua si nuestro estado se salud no es el óptimo.
  • Planificar previamente nuestra inmersión y adecuarla a nuestro nivel. Planear de antemano el lugar de la inmersión, el momentode la corriente, la profundidad máxima que se va a tocar, el recorrido, previsión de consumos… disminuirá la posibilidad de encontrarnos con sorpresas desagradables.
  • Elegir buenos compañeros de inmersión, capaces de responder en cualquier situación en la que requieras ayuda, que estén siempre pendientes de uno y no separarse jamás. Bucear con gente de confianza es una gran tranquilidad desde el punto de vista psicológico.
  • Elegir inmersiones adecuadas a nuestro nivel, admitir nuestros límites y expresar nuestras preocupaciones a los compañeros de inmersión. No hay que bajar forzosamente a -30 metros porque el resto del grupo vaya a tocar ese fondo, menos aún si nuestro nivel de buceo no nos permite bajar a esas cotas (B1E u OWD). Si la inmersión o la profundidad excede a las que estamos acostumbrados, mejor no meterse o hablar con el resto de compañeros para que alguno te acompañe a una inmersión más ajustada a nuestro perfil. Realizar inmersiones profundas o con corriente sin tener la suficiente experienciaaumenta el riesgo de sufrir ansiedad bajo el agua al no percibir la situación como controlada por nosotros mismos.
  • Realizar un adecuado mantenimiento de nuestro equipo de buceo. Revisar botellas, reguladores, chaleco, etc… es la mejor manera de reducir la posibilidad de sufrir algún fallo técnico en nuestro equipo bajo el agua que pueda suponer algún riesgo.
  • NUNCA, NUNCA SOBREPASAR LOS ESTÁNDARES DE SEGURIDAD, la Regla de Oro del buceo, se trata de pasarlo bien y disfrutar durante el desarrollo de la inmersión de forma segura.

Aún así, la ansiedad  puede aparecer y es en ese momento crítico en el que tenemos que hacer gala de todo el autocontrol que podamos para no derivar en un ataque de pánico. Aquí tenemos algunas técnicas para combatir el estress bajo el agua:

  • Primeramente, en cuanto algo vaya mal o uno no se sienta al 100% hay que avisar al compañero de inmersión. En mi último chapuzón le comenté mis inquietudes a un compañero y al llegar a un punto crítico en el que no me sentía del todo relajado, este tomo contacto visual conmigo y me preguntó cómo me encontraba con la señal de OK. No podeis imaginar lo reconfortante que fue para mí ese simple gesto, esa sensación de que estaba pendiente de mi  (Gracias,  Juan). Con esto quiero decir que contar con el apoyo del compañero ante cualquier incidencia es esencial y este debe saber que algo nos pasa cuando nos pase para poder auxiliarnos.
  • Lo más obvio y lo más difícil de hacer es mantener la calma. Identificar y ser conscientes de lo que nos está pasando ayuda bastante a combatir nuestro estado emocional. En cierta ocasión un psicólogo me dijo: “La realidad no tiene más sentido que el que le damos cada uno de nosotros. Una situación que un individuo identifica como peligrosa puede no tener mayor importancia para otro”. Esto puede servirnos para combatir esos pensamientos y preocupaciones que acompañan a la ansiedad como “no puedo respirar” intentando interpretar la situación de otra manera y pensar que tenemos experiencia, sabemos lo que hay que hacer, tenemos aire y que vamos a finalizar la inmersión de manera segura. Una mente serena ayuda a pensar mejor.
  • La aceleración del ritmo cardiaco y respiratorio es otro problema a combatir, sobre todo el último que nos llevará a la incapacidad de inspirar normalmente dándonos esa sensación de asfixia. Hay que tratar de recuperar el ritmo respiratorio tratando de hacer inspiraciones profundas y lentas. Una buena manera de recuperar la calma es el contacto físico. Cerrar los ojos y abrazarnos o abrazar una roca puede ayudar aunque lo más efectivo es el contacto físico con el compañero. Sin echarnos bruscamente sobre él, nos acercamos y agarramos suavemente su muñeca o su brazo. En ocasiones, el simple contacto visual con el compañero también puede relajar bastante.
  • Abandonar la zona donde hayamos sufrido la incidencia buscando una cota a menos profundidad donde nos sintamos seguros y podamos recuperar completamente la calma y finalizar la inmersión de forma segura.

 

Tras sufrir un incidente de este tipo puede quedar una marca psicológica hasta el punto de que muchas personas dejan de bucear tras haberlo pasado tan mal bajo el agua. En otros casos ciertas zonas o profundidades se vuelven prohibitivas o poco seguras para el que ha sufrido allí la experiencia, sufriendo amagos de nerviosismo al tratar de regresar al mismo punto.

Un buen consejo que me dieron y que seguí fue el identificar y solucionar los factores de estress y ansiedad que se dan en la vida cotidiana y que pueden acompañarnos debajo de la superficie manifestándose en el fondo. Luego toca buscar el consejo y la ayuda de profesionales y compañeros de inmersión (hay psicólogos especializados en trastornos del buceo. Mejorar nuestra forma física (sobre todo si esta ha sido la causa del incidente) también es imperativo y nos ayudará a sentirnos más seguros y confiados en nuestras inmersiones. Y por último, si amamos el buceo, la evitación no es la respuesta, hay que volver al agua y empezar a hacer inmersiones sencillas y en cotas bajas, donde nos sintamos cómodos y seguros, para ir, poco a poco, recuperando la confianza en nosotros mismos e ir incrementando progresivamente la cota hasta volver a nuestro nivel de forma segura y fortalecidos, sin tratar de pasar de 0 a 100 de golpe, lo cual nos llevará a la recaída.

   

Seguramente me dejo muchas cosas en el tintero y habrá muchas personas que lean este artículo y tengan muchas cosas más que aportar. Yo sólo he expresado lo que he vivido y espero que mi experiencia y los consejos que me dieron y que os transmito aquí os puedan servir de alguna ayuda. Para terminar, quisiera plasmar aquí un par de citas que he leído y que me parecen propias para rematar este artículo:

“Si crees que algo puede ir mal, va mal. Suspende la inmersión”

“Es mejor estar arriba deseando estar abajo que al revés”

 

Manuel Martínez Chacón (B3E)


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