LA ORILLA DE PONIENTE

 (Profundidad: 22 metros, dificultad: media-alta)

nudibranquio

La cara de Poniente de la Isla es la que da al Océano Atlántico. Al contrario que la cara de Levante, donde el espigón del puerto de Tarifa ofrece un relativo refugio a vientos y mareas, esta cara se abre al mar abierto, estando especialmente expuesta a la acción de los vientos y de las corrientes, por lo que son pocos los días en los que esta orilla se muestra plácida y apta para iniciar una inmersión. Ni que decir tiene que, debido a lo anterior, debemos extremar las precauciones al entrar por esta orilla, siendo lo más óptimo los días de levante flojo y con marea de creciente o cercana al reparo, siendo prohibitivo entrar con mareas vivas y de vaciante. Aunque a veces las condiciones para la inmersión son buenas y sin corriente, resultando una inmersión sencilla, es aconsejable no iniciarse en esta orilla hasta no tener cierta experiencia, debido a la imprevisibilidad de estas aguas.

Iniciaremos la inmersión entrando por la cala que hay justo debajo del puente, esta zona está protegida por un espigón llamado “El Fenicio” y limita en su orilla Sur con la muralla de la Isla. Una vez equipados, comenzaremos a nadar por superficie siguiendo una canalización natural en el fondo pedregoso de mayor profundidad que conduce al borde del arenal con el cantil unos pocos metros más adelante. Durante nuestro trayecto, e incluso durante el equipamiento, podríamos ya observar peces pipa (Sygnathidos parientes del caballito de mar), lenguados y pequeñas sepias merodeando en las aguas poco profundas. Una vez hemos alcanzado la zona del arenal,  comenzaremos a nadar en dirección Oeste siguiendo el borde de la Isla. El punto de inmersión dependerá principalmente de las condiciones del mar y de lo lejos o cerca que queramos iniciarla, aunque normalmente se suele iniciar a unos 20 o 30 metros del Fenicio. La profundidad media aquí es de 5 a 6 metros.

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Una vez nos sumerjamos en esta zona, nos daremos cuenta inmediatamente de que la fauna de estos fondos difiere en cantidad y comportamiento de la de la zona Mediterránea, aun tratándose de las mismas especies. Nos encontraremos, como en Levante, con un cantil rocoso que limita bruscamente con un extenso arenal, donde afloran en paralelo y a pocos metros algunas formaciones rocosas bajas a modo de “islotes” en un mar de arena. En esta ocasión iniciaremos la inmersión dejando el cantil a nuestra izquierda y regresaremos dejándolo por  la derecha, justo al contrario que en Levante. La zona está bastante plagada de vida, siendo los más comunes los sargos, bogas, tres colas, bodiones y distintas especies de serránidos de pequeño tamaño (cabrillas, merillos y serranos). Llama la tención la alta densidad de rascacios (Scorpaena porcus) y tembladeras (Torpedo marmorata), estas últimas de gran tamaño y acompañadas, casi siempre, de una corte de camarones limpiadores. Claro que para poder verlos deberemos agudizar nuestra vista observando entre las rocas, dentro de las grietas y oquedades y en la arena, ya que el camuflaje de estas especies es muy efectivo.

En lugar de seguir el borde del cantil con el arenal, lo más interesante suele ser adentrarnos dentro del cantil en dirección Oeste-Suroeste hasta llegar al mismo pie de la Isla.  Ahí encontraremos una pared vertical con cierta inclinación del fondo a la superficie, dándole un aspecto sombrío y lúgubre. A pesar de esto, toda la pared, el fondo y las rocas adyacentes se encuentran totalmente tapizadas por numerosas esponjas, corales naranjas, ceriantos, espirógrafos, gorgonias y numerosos organismos calcáreos. Acabamos de llegar al Placer del Macro, a 12 metros de profundidad.  Aquí es donde los amantes de la fotografía macro y de la vida pequeña deben agudizar su vista para descubrir el amplio abanico de especies de nudibranquios que hay  entre las algas y esponjas. Desde los notables y fácilmente localizables Hypselodoris picta hasta los diminutos Thuridilla hopei  o Chromodoris khroni. Es fácil observar algunas especies como los H. orsinii o los H. cantábrica en grupos de 3 o 4 individuos. Los Dondice banyulensis, nudibranquios muy vistosos con unos penachos que dan el aspecto de llamaradas de fuego, suelen ser muy comunes en la zona y presentar coloraciones desde el naranja hasta un amarillo pálido. Todo un espectáculo para el que quiera agudizar su vista. La flotabilidad aquí es vital, ya que podemos causar mucho daño golpeando con las aletas en salientes o rocas rebosantes de vida.

morena      temblaera

Si seguimos la pared, encontraremos una zona donde se trunca y hay un espacio abierto que conduce a la rompiente de la pared de la Isla. Sólo es recomendable explorar esta zona si no hay oleaje. Simplemente asomándonos podremos ver algunos bancos de sargos o mojarras. En la parte final de la pared  el fondo se encuentra a 16 metros de profundidad. En las rocas adyacentes y en las oquedades que forman se pueden ver numerosas anémonas de gran tamaño, espirógrafos, bancos de salmonetes, rascacios, congrios, morenas, sargos, mojarras, bodiones, castañuelas y tres colas entre otras especies… a veces también puede aparecer alguna sorpresa como dentones o águilas de mar. Se rumorea que durante la época de reproducción se puede llegar a observar algún ejemplar de cazón (Galeorhinus galeus), lo cual no es raro teniendo en cuenta que la zona está expuesta al mar abierto. Llegaremos a un punto donde el fondo rocoso forma un escalón donde el fondo cae hasta los 20 metros. Para la mayoría de buceadores con un consumo normal, éste es el punto de retorno para alcanzar la orilla con un remanente de aire de 50 bares, como dictan las normas de seguridad. Si se tiene un consumo excepcional, se puede aventurar un poco más allá hasta la misma esquina del cantil en pleno Océano Atlántico, cerca de otro punto de inmersión muy popular al que sólo se puede acceder en barco, Los Pasillos. Aquí el fondo está salpicado de laminarias  aisladas sin formar un bosque en sí, como en Levante. Nos encontramos a 22 metros y no podemos permanecer demasiado tiempo a esta cota, por lo que iniciaremos el retorno tras un exhaustivo chequeo de nuestro aire. Lo más interesante, se regrese por donde se regrese, suele ser recorrer el límite del cantil con el arenal e incluso explorar alguna de estas afloraciones rocosas que surgen en paralelo cerca del cantil. Podemos llegar a encontrar sorpresas como morenas y congrios compartiendo madriguera, sargos breados en las grietas, enormes bodiones patrullando alrededor de un nido o pequeños nudibranquios escondidos entre las algas. Mientras navegamos de regreso a la orilla, dejando el cantil a la derecha, podríamos encontrarnos alguna corriente en contra si nos pilla el arranque de la marea, la mejor medida a tomar si la corriente es muy fuerte es vaciar el jacket, asentarnos en el fondo y avanzar agarrándonos con las manos a las rocas. También es recomendable abandonar el arenal y buscar refugio internándonos en el cantil.

Siguiendo el camino inverso por el borde del arenal, conforme la profundidad va descendiendo, vemos que cierto tipo de animales (como los nudibranquios) van disminuyendo su presencia en favor de otras especies como sepias, salmonetes, bogas y pequeñas escórporas. A menudo podemos encontrar algún ejemplar joven de urta (Pagrus auriga). Llegando a los 6-7 metros, metidos hacia el arenal, podemos llegar a encontrarnos con un banco muy numeroso de besugos o aligotes (Pagellus acarne) que suele merodear por la misma zona formando un banco muy compacto. Ya vamos llegando al final de nuestra inmersión y hay que reseñar un detalle, al llegar a un fondo de 2-3 metros podemos ver una especie de “pasillo” entre las rocas del cantil que parecen conducir hacia la cala desde la que salimos. Sería un error coger ese pasillo, ya que acabaremos varados en medio del arrecife al pie del espigón del Fenicio. Mi consejo es seguir dirección Este hasta que el fondo llegue a 1 metro y entonces virar en dirección Sur. Otra opción es seguir hacia el Este hasta encontrase con las rocas de la orilla y entonces virar usándolas como guía. Ya sólo queda emerger en la cala y prepararnos para salir del agua.

La duración de esta inmersión puede variar entre los 60 y los 80 minutos, si bien puede llegarse a los 100 minutos con un consumo excepcional.

Manuel Martínez Chacón.  B3E.


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